miércoles, 9 de julio de 2008

People Meter: Legitimación del Poder en la Televisión Actual

(Antes de hablar de Periodismo Participativo)
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"No vea televisión, hagala"
CatiaTV, televisora comunitaria de Caracas, Vanezuela.
¿Cómo hacer efectiva la retroalimentación comunicativa en televisión? Es la pregunta que nos respondería Time Ibope, empresa que en 1991 ganó la licitación requerida por los Canales de Televisión y la Industria Publicitaria para medir los hábitos de televisión en nuestro país. Desde entonces, el People Meter es el mecanismo que sostiene al ajetreado cosmos televisivo en los laureles de la realidad. Las empresas, por su parte, consultan día a día los estudios de este sistema, como si se tratara del único y fiel reflejo de los comportamientos sociales frente a la pantalla chica.
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La verdad, es que el famoso People Meter no es más que una cajita codificadora instalada en 600 casas de Chile, que componen una muestra "significativa" de nuestro país. Cada vez que alguien prende un televisor en uno de estos hogares, la cajita manda una señal a Time Ibope y la empresa se encarga de calcular el rating. Esta técnica de medición es finalmente la más segura conocida hasta ahora, ya que cada miembro de la casa tiene un código que permite no sólo saber qué canal se está viendo, sino también quién lo está viendo. El único problema de esta técnica es su precio: instalar un People Meter es tan caro que dificulta mucho la ampliación de la muestra. Además, cabe señalar que esta medición excluye a los menores de 4 años, y a los integrantes del grupo social E. ¿La razón? No poseen fuerza adquisitiva, y a fin de cuentas, es la publicidad la que financia la televisión.
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El sistema opera a partir de la aproximación de un campo muestral. Se instalan los dispositivos de forma “equitativa” de acuerdo con los grupos socioeconómicos (ABC1, C2, C3 y D) y se mide. Para hacer más efectivo el cálculo, existen también los estudios coincidentales, donde se recolectan datos cada dos años por vía telefónica. Pero, por más que se pretenda incentivar a los participantes a no verse influenciados, no existe una libertad real en el uso del sistema. Los panelistas, lo quieran o no, se sienten con el poder de afectar directamente en el funcionamiento de los canales de televisión. Así, la programación se puede estar construyendo sobre información bastante dudosa e imprecisa. Esto no es menor, ya que las decisiones de inversión publicitaria en televisión se guían precisamente por los resultados del People Meter, punto a punto. Recordemos que un punto más o un punto menos en una medición significan millones de pesos más o menos de inversión para un determinado programa.
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Los datos son manipulados cada vez que un medio lo comunica públicamente, esto por la simple razón de que se modifican según, categorías, lista de unidades, variables y parámetros. No es raro encontrar dos datos diferentes para el mismo programa. Por ejemplo, se estima que “24 horas” marcó 25 puntos y eso es presentado como meritorio y excelente. Pero en otro medio se dice que el mismo programa marcó solo 7.5 puntos y por tanto el noticiario no es muy exitoso. Esto es completamente demostrable, debido a que hacen referencia a comportamientos televisivos distintos. Es posible que, por ejemplo, en el primer caso los 25 puntos correspondan a Total Hogares, y en cambio los 7 puntos de la segunda información pueden hacer referencia a Total Personas. Las dos estimaciones serían correctas, verificables, pero no comparables entre sí. Son distintos universos.
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Eso que llaman interes público
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Podríamos desviar el tema hacia una crítica sobredimensionada acerca de lo desarraigados que son los sistemas que traducen en números y gráficos las conductas sociales. Pero, debemos elevarnos y observar... Si la sociedad fuese predecible ciento por ciento, no serían realmente necesarios los mecanismos de medición. La cultura tendría arraigada en sus prácticas el sentido del comportamiento único. El hecho de que existan estas formas de cuantificación, deja en evidencia lo imposible que es predecir por completa las conductas sociales de un grupo. ¿Cuál es el problema entonces? Omitiendo lo de siempre, de que el People Meter no asegura calidad y esas cosas, podemos notar un embrollo bastante tupido al indagar en la relación medios-sociedad.
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En primer lugar, los medios de comunicación, establecidos en el imaginario como mecanismos de interacción que facilitan el acercamiento de la sociedad con los distintos sistemas funcionales, comienzan a desligarse de su condición otorgada, para emancipar sus contenidos y pasar a ser sólo un método de tanteo social (al igual que muchos otros), una especie de equipo que examina el campo de los consumidores. Una manera disimulada y efectiva de estudiar el mercado.
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La televisión ha sido reconocida por el conjunto social como uno de los métodos más efectivos de difusión e influencia que existen. En este sentido, la propiedad o el "para quién trabaja" de los medios masivos termina siendo lo que determina la parrilla programática en los canales, el "modo de ver" que presentan. Entonces cabe preguntar a quién pertenecen los medios. En Chile, a la iglesia, al Estado, y a un par de conglomerados.
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No es cuestión de reclamar mayor aporte fiscal hacia proyectos alternativos. El poder seguirá estando de un lado o de otro, y siempre será necesario un mecanismo que siga legitimando el funcionamiento de la televisión, ya sea el People Meter, las llamadas, las encuestas, los microchips en el cerebro, las sanguijuelas espias o los cocodrilos en el techo.
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Las construcciones de realidad, generadas de la relación medios-sociedad, operan en el imaginario como un supuesto acuerdo social, sin papel ni firma, donde los canales prometen otorgar lo que la comunidad necesita ver y escuchar, si y solo si, la comunidad garantiza la audiencia necesaria que permita al medio financiar las producciones. ¡Qué hermoso convenio eh! Un delicioso banquete de sentidos que se desenvuelve de acuerdo a las necesidades conjuntas. Pero esto ocurre sólo en teoría. La práctica deja en manifiesto otra cosa muy distinta. Efectivamente, los medios muestran aquello que "pueda servirse a gusto", "lo que quiere ver la gente", lo de "interes público". Pero, ¿quién determina lo que la "gente" necesita?
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Un zapping: Shampoo, fútbol, celulares, Shakira, corrupción, tres rubias bailando, una morena gritando, fútbol, subtítulos, créditos, subtítulos, detergentes, delincuentes, dos muertos en una balacera, yoga para cocinar, poker Texas, un par de chinos copulando y Shakira de nuevo… El mundo se refleja en sus reproducciones ¿es eso el mundo? Un pasillo ante nosotros, un mercado de valores en flujo, volatil, dinámico, que nos lleva sin llevarnos a algo, simplemete vamos.
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El poder de saber que se tiene poder
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El juego comienza cuando el "bien" es producido. Primero se recurre a los medios para tantear a los consumidores, luego se muestra en la vitrina. Los consumidores actúan en el ejercicio del consumo, primero de la imagen y luego del producto como tal. El juego finaliza con la vuelta al productor del "bien", esta vez en forma de ganancias. El People Meter opera como una simple regla que legitima el juego, que es variable, y que sirve muchas veces como la receptora de quejas. La cara visible propensa a insultos y pataletas. Es como cuando en el fútbol se le carga la culpa al árbitro, o cuando el cojo culpa al empedrado... El People Meter será cambiado por otro sistema de medición, la lógica moderna así lo indica. Los medios de comunicación se inclinarán hacia la comunidad sólo cuando comprendamos que dentro del poder de la mediatización también tenemos un rol importante. Cuando entendamos que sin comunidad nada de esto sería posible. Cuando comprendamos que el poder es voluntad en ejercicio, no represión y peso, sino el gran espacio libertario donde debemos depositar nuestra comunicación.
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La televisión comercial actual se legitima a través de diversos mecanismos. Recetas comunicativas autoreferenciales, construcción sistemática de mecanismos de seducción y coerción social. Los canales se acomodan entre si para no saturar en discursos la señal. Una televisión caótica, sin ciertas normas y códigos irrenunciables no podría legitimarse como espacio de interacción. Instaurar en los medios de información una participación activa del público, hacerlos pasar de meros receptores a usuarios activistas del contenido, a productores efectivos de su realidad, es un proceso para el cual debemos prepararnos. El foco de luz no debe seguir apuntando hacia los grandes medios masivos, debemos saber apagar este foco y desmarcarnos de ese modo de hacer la TV.
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En la oscuridad de la incertidumbre, desde trincheras que parecían muertas, las luces de una nueva comunicación se vislumbra...

viernes, 4 de julio de 2008

Existencia Virtual

Con el transcurrir del tiempo somos espectadores de excepcionales cambios científicos y tecnológicos que provocan drásticas evoluciones sociales sin precedentes. Vivimos una metamorfosis comunicativa que se esparce mas rápido que un virus o un rumor, y que altera nuestra percepción de la realidad, que de realidad no tiene nada, si pensamos en lo conducida que esta nuestra percepción del mundo desde que nacemos y nos enteramos de su “existencia”

La humanidad ya se embarco en este viaje de revolución comunicacional impuesta por la tecnología, en la cual las interacciones con los pares ya no dependen de las habilidades sociales o de la personalidad, sino más bien del ancho de tu banda, y de tu eficacia de acceso a Internet y de tus destrezas como cibernauta.

Día a día las nuevas redes y programas comunicacionales van reemplazando entidades como las bibliotecas, correos, bancos, etc., de tal forma que en un futuro no lejano, las anécdotas que hablaran sobre estampillas y libros de recortes serán las mas gozadas y reídas por nuestros hijos.

Se han detenido a pensar en ¿cuántas personas concurren diariamente a Google ante una interrogante o hasta un consejo, antes de apoyarse en la persona que se encuentra frente al computador contiguo? O mejor aun ¿Cuántos millones de personas están en este preciso minuto conversando en línea con sus amistades en vez de juntarse con ella a disfrutar un momento agradable?, sin duda nunca lo sabremos con total certeza y exactitud.

Sin embargo, como en numerosos ámbitos sociales, no es posible afirmar que estos cambios están llegando a todos los individuos por igual, por tanto, las tecnologías de comunicación deben superar de una manera eficaz, los nuevos y numerosos desafíos sociales y culturales que se le presentan y de esta manera disminuir al máximo la llamada brecha digital.